El 17 y 18 de septiembre de 2020, 12 ciudades españolas se reunieron para la primera edición de los Eventos Regionales mPower. El encuentro tenía como pregunta clave, cómo las ciudades pueden asumir un liderazgo más ambicioso en una transición energética democrática y justa. El evento, que estuvo marcado por experiencias compartidas de transición energética de seis de las ciudades participantes, supuso el inicio de un diálogo sobre cómo llevar la soberanía energética a una ciudad y su ciudadanía. ¿Qué se puede aprender cada ciudad, en el ámbito de la eficiencia energética en los edificios, la expansión de las energías renovables de propiedad pública y la participación ciudadana? En esta entrada compartimos algunas de las principales ideas del evento.

Las participantes fueron invitadas por la ciudad de Cádiz (participante a su vez de mPower), una de las ciudades más antiguas de Europa Occidental, conocida por su casco antiguo, sus hermosas playas y más recientemente, por sus innovadores trabajos de transición energética (link). Sin embargo, para gran decepción de los organizadores y participantes, en lugar de disfrutar de la ciudad y su trabajo en persona, tuvimos que reunirnos virtualmente debido a las restricciones sanitarias existentes. No obstante decidimos sacar lo mejor de una situación difícil y con la fantástica dinamización de Alba de Campo, asesora en temas energéticos del ayuntamiento de Cádiz y la muy apreciada generosidad y compromiso de todas los participantes, disfrutamos de dos días muy productivos.

Una nueva dinámica para la transición energética en España

Las ciudades españolas se han comprometido a alcanzar objetivos ambiciosos. Muchas han firmado el Pacto de Alcaldes con el compromiso de reducir las emisiones de CO2 al menos en un 40% en 2030. Comparten tanto la visión de una ciudad neutra en carbono para el 2050 como las dificultades para definir el camino hacia este objetivo.

El evento online reunió a algunas de las ciudades españolas más destacadas para un intercambio de retos y soluciones. Su denominador común es la muy fuerte voluntad política de cambiar el modelo energético de manera que sirva a la ciudadanía, incluyendo a los más vulnerables. A nivel nacional, el cambio de paradigma hacia un apoyo estable y duradero de las energías renovables y el reconocimiento de la necesidad de procesos participativos más fuertes ha cobrado impulso con la nueva Ministra de Transición Energética, Teresa Ribera y su equipo.

El proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética y el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (que se aprobará a principios de 2021) tiene por objeto reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel nacional por debajo de 230 MtCO 2 eq en 2030 (reducción de las emisiones de GEI en al menos un 20% con respecto a 1990, que es ~30% con respecto a 2016).

Las trayectorias que contempla la nueva ley son: Promoción de las energías renovables, Transición desde los combustibles fósiles, Compromiso con la movilidad sostenible y el Marco Estratégico de Energía y Clima a través del proyecto de Plan Nacional Integrado de Energía y Cambio Climático (PNIEC) 2021-2030 y la Estrategia de Transición Justa, donde el Gobierno propone objetivos aún más ambiciosos, como el 74% de energía renovable en la generación de electricidad y el 42% de renovables en el consumo final.

En la actualidad, el Ministerio para la Transición Ecológica está llevando a cabo una consulta pública sobre las comunidades energéticas y creemos que parte de la información compartida por los participantes en el evento sobre este tema podría ser útil para redactar mejores marcos jurídicos en este campo. También hay que remarcar que recientemente representantes de organizaciones de la sociedad civil subrayaron en una reunión con Teresa Ribera su preocupación por la próxima oleada de cortes de suministro que pueden sufrir miles de familias españolas durante la pandemia.

Repensar el sistema energético desde la perspectiva municipal

Las animadas y fructíferas discusiones entre las ciudades participantes abordaron tres temas estrechamente vinculados y superpuestos:

  • La eficiencia energética y los edificios
  • La propiedad pública de la energía
  • La participación de los ciudadanía

Las participantes también se refirieron brevemente a temas transversales como la alimentación, la economía circular, la micromovilidad… la ciudad es un ecosistema con su propio metabolismo y la lista de áreas que forman parte de los grandes procesos de transformación urbana es larga. Desde Navarra hasta Andalucía, ya sean ciudades pequeñas, medianas o grandes, la transición energética fue descrita como una tarea emocionante, pero difícil para todas ciudades.

Viajemos primero a Cádiz: los primeros pasos de la ciudad en la nueva y radical política energética consistieron en concienciar y conocer a los representantes políticos y a los trabajadores de la ciudad. Esto condujo a la creación de un espacio de aprendizaje más amplio que se materializó a través de dos mesas redondas permanentes: Una se centra en la transición energética, la otra en la pobreza energética.  

Marta Morera, experta técnica del Ayuntamiento de Rubí por su parte, contó la historia del proyecto Rubí Brilla que comenzó en 2011. Con el objetivo de mejorar primero el consumo de energía, Marta y su equipo empezaron invirtiendo 3.000 euros en la monitorización y la recogida de datos de los 112 edificios públicos. Ya a finales del primer año habían recuperado esta inversión mediante el ahorro de energía y la reducción de las facturas energéticas. “Estamos constantemente desperdiciando agua y energía. Analizar los datos que tenemos con los criterios de consumo de energía es fundamental para lograr resultados. A partir de los ahorros realizados en la eficiencia energética, se ha invertido en la prevención de la pobreza energética. Esta es la herramienta mágica que nos ayudó en Rubí Brilla a crecer poco a poco”, dice Marta hoy.

Joan Herrera, de El Prat de Llobregat, compartió su experiencia y confirmó que “el acceso a los datos es crucial”. No obstante, destacó la importancia de que la administración local sea un modelo para la ciudadanía. En El Prat está previsto instalar 1MW de paneles fotovoltaicos en las azoteas públicas de la ciudad, creando cinco “islas de potencia”. Estas “islas” serán, por tanto, lugares de demostración para el autoconsumo y el consumo compartido dentro de un perímetro de 500 m. Joan y su equipo calcularon un plazo de amortización de 3,5 años de la inversión. Además, los vecinos más vulnerables podrán beneficiarse (sin coste alguno) de la energía excedente que se produzca durante unos 100 días de vacaciones en los que los edificios públicos estarán cerrados.

Independientemente del área que se deba abordar, las particip estuvieron de acuerdo unánimemente en la necesidad de ampliar los servicios y llegar a nuevos actores. La autoridad local por sí sola no puede alcanzar sus objetivos energéticos y climáticos sin la participación de todas los interesadas. Cuando se trata de edificios eficientes, esto requiere incluir a propietarias y administradoras de propiedades, ya que son agentes clave para la rehabilitación de viviendas y la aplicación de energías renovables. Las ventanillas únicas son una herramienta útil y crecen en número gracias a proyectos como “Save the Homes” en los que participa el Ayuntamiento de Valencia.

Si bien optimizar la demanda es fundamental, varios municipios españoles han decidido, en paralelo, hacerse con el control del suministro energético. Cádiz fue una de las primeras ciudades del país en crear una distribuidora y productora pública de energía ‘Eléctrica de Cádiz’: la empresa es de propiedad pública en un 55% (5 de los 9 miembros del consejo de administración son representantes de las autoridades públicas) y utilizó esta poderosa herramienta para implementar la visión política de un suministro de energía renovable y asequible. Produce energía 100% renovable y ha abierto una línea de negocio de autoconsumo a principios de 2020.

Las conversaciones sobre cómo llevar más energía renovable a la esfera pública revelaron una gran cantidad de limitaciones que aún obstaculizan (o ralentizan) la acción municipal. Algunas de las barreras mencionadas por los participantes fueron la racionalización de los procedimientos administrativos, el marco regulatorio rígido e incoherente y el poder desequilibrado de las grandes distribuidoras eléctricas establecidas. Otro factor a tener en cuenta sería la baja capacidad inversora de familias, empresas y administraciones públicas. También se habló mucho de repensar la transición en la era Covid y Post-Covid, y la implicación de la ciudadanía en todo el proceso en esta nueva realidad.

Una idea para un actividad fácilmente replicable  vino de València y su integración de las energías renovables a través de los árboles solares. Con este innovador mobiliario urbano la ciudad acerca las energías renovables a la ciudadanía y las hace visibles en su día a día. Este es un pequeño proyecto de demostración, por así decirlo la punta del iceberg, ya que viene acompañado de profundas iniciativas, como el apoyo a las comunidades energéticas o incentivos fiscales para los propietarios de viviendas que instalan energías renovables.

Como soluciones y posibles líneas de trabajo, se sugirió que era necesario impulsar pactos de consenso básico en materia energética con visión de largo plazo dentro de los municipios, un impulso a la financiación público-privada e impulsar ordenanzas que promuevan las instalaciones. El papel de las comunidades de energías renovables (CER) y los equipos multidisciplinares capacitados también es otro factor clave.

El apoyo de los habitantes parece ser importante en determinados lugares. Según nos ha contado Eloi Badía, concejal del Ayuntamiento de Barcelona, ​​la ciudad consiguió en 10 días una financiación ciudadana de 10.000 euros para un proyecto público de energías renovables, un éxito inesperado que permitió complementar la financiación pública y que pronto será replicado en el área metropolitana.

Durante las discusiones en grupos, se hizo evidente que el nuevo papel de las autoridades locales es el de embarcar a toda la sociedad en el camino de la neutralidad en carbono. Como afirma Joan Herrera, del Ayuntamiento de El Prat: “La mejor opción es ‘bottom-up’”. Muchos de los municipios dijeron que aún están en el inicio de una participación permanente de la ciudadanía, empresas y otros miembros de la sociedad civil. Los participantes señalaron que el apoyo de la ciudadanía a causas como la emergencia climática está aumentando en España. Sin embargo, quedó muy claro en las conversaciones que todavía estamos lejos de un cambio de mentalidad en el que las personas se sientan realmente empoderadas y listas para convertirse en participantes activos en un mercado energético justo. Se señaló que las campañas de concienciación pública sobre temas energéticos y climáticos no son suficientes, y lo que se requiere es una democratización de los procesos de toma de decisiones mediante la apertura de las instituciones a la ciudadanía.

Una contribución interesante fue la de los representantes de Vila Nova de Gaia y la agencia de energía Energaia, los únicos participantes del vecino Portugal. Durante el programa de intercambio de mPower elaboraron una propuesta sobre la manera de recuperar el control ciudadano sobre la red de distribución del alumbrado público mediante la formación de una comunidad de energía renovable local con el objetivo de asumir las concesiones de gestión de la distribución.

Carlos Sánchez, Director General de València Clima y Energía, habló sobre el proceso de participación en la creación de comunidades energéticas: “No queremos definir las condiciones de lo que es una comunidad energética. Queremos que nuestros ciudadanía se sientan libres y cómodos porque el modelo que han definido es el modelo que quieren”.

Ser parte de un movimiento mayor

Como hemos experimentado a menudo con los encuentros de mPower, quizás los resultados más importantes para muchos participantes fueron la oportunidad de un intercambio honesto con sus compañeros y el sentido de posibilidad que conlleva formar parte de un movimiento más grande. Cuando se le preguntó qué se lleva del evento, Carlos de Valencia escribió: “1. Compartir experiencias y un sentido de comunidad. 2. Un futuro prometedor por la calidad y diversidad de las propuestas innovadoras y el compromiso personal”.

El grupo de ciudades decidió continuar trabajando juntos de forma más regular para comparar notas y compartir información así como modelos que puedan ser replicados en diferentes lugares. Esto será apoyado activamente por el socio de mPower Energy Cities como facilitador de la red.

La moderadora y anfitriona, Alba del Campo, concluyó el evento con las palabras: “Tenemos un poco más de confianza en el otro para tomar el teléfono y pedir información porque pensamos que lo que el otro ha hecho es muy bueno y queremos llevarlo a nuestro ayuntamiento. Aquí no hay ningún tipo de ‘carrera’ entre ciudades. Y si hay una carrera, no es contra el otro sino para la gente, porque con la emergencia climática no tenemos tiempo que perder”.


Traducido por Izaro Basurko.